Aventura en la ciudad de las historias (Adventure in the City of Stories)

Illustrated by Poly Bernatene / Translated by Emily Carrero Mustelier

LIST PRICE $17.99

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About The Book

¡Nuestro trío favorito de viajeros en el tiempo está de vuelta! Cuando artefactos robados aparecen mágicamente en el armario de su tía, Jorge, Camila y Siggy deben viajar a la ciudad de Nueva York de 1930 para limpiar su nombre antes de que la historia se altere de manera irreparable.

Los primos Jorge, Camila y Siggy nunca imaginaron que unos viejos y polvorientos títeres y un libro misterioso los llevarían en una aventura a través del tiempo. Todo comienza al descubrir que su tía posee tesoros que pertenecieron a Pura Belpré, la innovadora bibliotecaria y cuenta cuentos latina y, de repente, viajan la ciudad de Nueva York en los años 30. ¿Su misión? Apresurarse a devolver los títeres de Pura y una edición firmada de su primer libro, para demostrar que su tía no es una ladrona.

Pero el pasado está repleto de peligros. Una mujer poderosa hará todo lo posible para robar el libro, los vecinos entrometidos de los primos chismosearán y la escasez de la Gran Depresión los acecha. Por suerte Jorge, Camila y Siggy conocen a Antonia, una valiente niña puertorriqueña que lucha contra la injusticia en su comunidad.

Los primos necesitarán coraje, ingenio y un poquito de ayuda histórica para proteger el legado de Pura Belpré, limpiar el nombre de su tía y regresar a casa. ¿Podrán lograrlo antes de que se les acabe el tiempo?

Excerpt

Capítulo 1: Castigados 1. CASTIGADOS
Camila lloraba. Lo cual no era necesariamente inusual para la sensible Camila. Lo que era inusual era que Camila llorara por razones académicas. Todo lo que su primo Jorge podía decir era que Camila no solo era callada y que sacaba notas sobresalientes, sino que era, además, una estudiante fenomenal.

Pero ahí estaba Camila sentada con las piernas cruzadas en el espinoso césped, llorando por el problemón en el que se había metido. Jorge estaba arrodillado frente a ella, tratando de consolarla sin éxito.

—¿Cuál es el problema? —preguntó Jorge. No era fácil entender a Camila entre sollozos, pero al parecer todo era por unos libros que había llevado a la escuela—. Tu maestra te dijo que trajeras los libros para la casa. ¿A quién le importa?

Camila empezó a sollozar aún más descontroladamente mientras estrujaba un papel que le pasó a Jorge.

—Eso no es todo. La directora le envió esta carta a toda la escuela. ¡La directora, Jorge! Ahora jamás podré volver allí.

Jorge agarró la carta. Estaba escrito en papel membretado de la Escuela Secundaria Sunshine, que tenía un aspecto muy oficial. Pero, para variar, esta carta no era sobre el logro académico más reciente de Camila. De hecho, sin siquiera mencionar su nombre, la carta hacía que Camila pareciera una criminal. Jorge articulaba las palabras con sutilidad mientras leía:

Estimados padres, estudiantes y profesores:

Ayer se me notificó que una estudiante trajo varios libros inapropiados a la escuela con la intención de distribuirlos a otros estudiantes. Los libros fueron confiscados a tiempo y quiero asegurarles que la Escuela Secundaria Sunshine prohíbe la circulación de libros censurados dentro de la escuela.

Cordialmente,

La directora Santos

—Dios mío, Cami —dijo Jorge—. ¿Qué tipo de libros eran esos?

—Eran para mi amiga Marisol —refunfuñó Camila.

Era noticia para Jorge que Camila tuviese amigos que no fuesen mascotas, pero decidió ser amable.

—¿La niña que se acaba de mudar a la casa en la calle Glades?

Camila malamente afirmó con la cabeza.

—¿Y entonces… cuáles eran los libros? —sonrió Jorge—. Dale, a mí me lo puedes contar.

Era gracioso imaginarse a la siempre correcta Camila llevando novelitas picantes a la escuela. Siempre pensó que los libros que ella leía eran sobre perritos, gaticos y esas cosas, pero al parecer se equivocó.

—¡No fue así! —chilló Camila—. ¡Eran libros normales, te lo juro!¡En español!

—Verdad, que sí —dijo Jorge—. Marisol todavía no habla bien el inglés.

Marisol era una de las niñas inmigrantes que había empezado en la escuela recientemente. Xía, la tía de Jorge y Camila, visitaba a las familias recién llegadas lo más posible, que era probablemente cómo Camila y Marisol se habían hecho amigas. Era bueno que los primos fuesen bilingües; hablarle a Marisol en español no era un problema.

—Así que los libros eran en español —incitó Jorge. Intentaba entender cómo Camila se había metido en un problema tan grave si los libros no eran sobre nada escandaloso—. ¿Los estabas usando para pasar notas en clase?

—¡No! —se lamentó Camila—. ¡La directora Santos dijo que no debemos leer libros que hablen sobre raza en la escuela!

—¡Oh! —dijo Jorge e hizo una pequeña pausa—. ¿Eran libros sobre raza? ¿Cómo supo la directora Santos sobre qué eran los libros? ¿Ella habla español?

—¡No, no habla español! ¡Y no, no son sobre raza! —dijo Camila—. Solo le traje a Marisol un par de mis libros favoritos en español. Sobre niños latinos, tú sabes. Como nosotros.

Jorge frunció el ceño. Parecía que a Camila la habían embarcado. Ella no había hecho nada malo.

—La peor parte —dijo Camila— es que ahora es posible que Marisol me odie. Ella también está en problemas, y ni siquiera llegó a leer los libros.

De momento Jorge tuvo una idea brillante. Sabía exactamente cómo animar a su prima.

—Espérame aquí, Cami. Tengo una idea genial.

Se levantó y entró a la casa. Era un lunes, y, por tanto, Jorge y sus primos Camila y Siggy estaban en casa de su tía Xía desde que salían de la escuela. Como de costumbre, Siggy estaba ocupado grabando videos, y tía Xía estaba trabajando en su cuarto. Ninguno notó que Jorge entró directico a la cocina.

Ya en la cocina, Jorge se encaramó en la encimera y se estiró para alcanzar el gabinete más alto. Ahí era donde tía Xía guardaba sus mejores meriendas y postres, como los alfajores rellenos de dulce de leche que había traído de sus viajes a Sudamérica. Jorge había pasado muchísimo tiempo examinando ese gabinete, y así fue como encontró los tesoros que iba a llevarle a Camila.

Jorge alcanzó a llegar al fondo del gabinete y sacó un libro viejo y un par de títeres andrajosos. Uno de los títeres parecía un ratón, y el otro una cucaracha, pero ambos estaban vestidos con ropa elegante, aunque desgastada. Jorge se metió los títeres y el libro bajo el brazo y saltó de la encimera. En un segundo salió por la puerta principal.

—¡Cami! —gritó Jorge—. Tía Xía tiene este libro viejo que me parece genial. Puedes mostrárselo a Marisol. Está en inglés, pero tiene un montón de palabras en español y es bien fácil. Toma, aquí está.

Camila, que al fin dejó de llorar, agarró el libro con curiosidad.

Perez and Martina —dijo, leyendo el título en voz alta—. ¡Oh! Es un cuento sobre la cucaracha Martina y el ratoncito Perez.

Su mamá siempre le contaba el famoso cuento folclórico sobre una cucaracha llamada Martina y un ratón llamado Perez. Revisó el libro, admirando las ilustraciones y el papel viejo y pesado.

—Vamos en bici a casa de Marisol para enseñárselo —dijo Jorge con urgencia—. Está genial. Y no puede seguir brava contigo si le llevas una ofrenda de paz.

Camila volteó el libro.

—No lo sé —dijo pensativa—. No es nuestro. ¿Crees que a tía Xía le moleste?

Jorge levantó una ceja. Y, en su mejor imitación de su tía, dijo:

—¡Mi cielo!¡Lo que es mío es tuyo!¡Nunca tienes que preguntarle a tu tía!

Por primera vez desde que la llamaron a la oficina de la directora esa tarde, Camila se echó a reír.

—Tienes razón —dijo—. Tía siempre nos dice que agarremos lo que queramos, en especial sus libros.

—Vamos a ver a Marisol —dijo Jorge, aliviado porque Camila al fin había dejado de llorar.

Camila enseguida se puso de pie.

—¿Eh, y qué muñecos son esos? —señaló los títeres, que estaban aun debajo del brazo de Jorge.

Jorge se puso un títere en cada mano.

—¡Perez y Martina, a tu servicio! —chilló, moviendo la boca del títere del ratón hacia arriba y hacia abajo.

—Guau —dijo Camila—. ¿De dónde habrán salido?

—Tú conoces a tía Xía —dijo Jorge encogiéndose de hombros—. Siempre está coleccionando cosas de tiendas de segunda mano —e indicó el camino hacia el garaje, donde había varias bicicletas medianamente funcionales que los primos podían usar.

Pero antes de que llegaran al garaje, un niño se les atravesó en el camino, formando una sombra grande en la entrada. Jorge se quejó. Cooper Tumbor vivía en la casa detrás de la de tía Xía. Era un niño rico y un bully.

—¿Qué tú quieres, Cooper? —Jorge en serio no necesitaba la energía de Cooper en su vida ahora mismo.

—¿Conseguiste guantes nuevos? —sonrió Cooper con prepotencia.

Jorge se miró los brazos. No se había quitado los títeres de las manos. Camila estaba junto a él, sosteniendo el libro.

Cooper le arrebató el libro de las manos a Camila en un dos por tres.

—¿Más libros ilegales, Camila? Yo nunca pensé que una niña buena como tú podría meterse en un problema tan grave.

—¿Te enteraste? —jadeó Camila.

Cooper sonrió.

—La escuela completa se enteró.

Camila lo miró boquiabierta. Cooper era un año mayor que ella, estaba en el mismo año de su primo Siggy. El día de hoy ya había sido bastante malo, pero era aún peor sabiendo que los de octavo estaban al tanto del problema.

—Devuelve eso —gritó Jorge. Intentó agarrar el libro, pero con los títeres en las manos, se tambaleó, dándole tiempo a Cooper para arrebatárselo. Enfadado, Jorge se quitó los títeres de las manos y los dejó caer al suelo—. ¡Lo digo en serio! —protestó—. ¡Ese libro es nuestro!

Jorge se inclinó hacia delante, pero Cooper era muy rápido. Se agachó bajo el brazo extendido de Jorge y arrancó del suelo el títere de Martina, la cucaracha.

—¡Dios, qué trapo tan sucio! —dijo en tono de burla—. ¿Esto es lo que su tía usa para limpiar la casa? Con razón está asquerosa.

Camila se enderezó.

—¡No lo está! —gritó. No importaba cuántos defectos tuviera tía Xía, nunca era tan feliz como cuando limpiaba con cloro todo lo que estuviera al alcance de su vista. Su casa no era nueva ni ostentosa como la de Cooper, pero estaba limpia.

Pero Cooper solo sonrió.

—Supongo que a nadie le importa si los tiro a la basura que es donde pertenecen.

A estas alturas, Jorge se había lanzado por completo sobre Cooper, tratando de tumbarlo al suelo, pero Cooper era mucho más alto y grande que Jorge, y tenía el libro y los títeres bien alto en el aire.

—Creo que es mi responsabilidad asegurarme de que la delincuente de tu prima no siga esparciendo literatura criminal por los alrededores —dijo Cooper con una risa cruel.

Ahora Camila también se lanzó sobre Cooper.

—¡Ese libro no tiene nada de malo! —le gritó—. ¡Tú eres un bully!

Al final, Jorge quitó el libro de las manos a Cooper.

—¡Lo tengo! —gritó triunfante, corriendo por el césped y alejándose de Cooper.

Cooper se dio la vuelta; el títere de Martina se le escapó de la mano. Camila lo recogió, agarró también el títere de Perez y salió corriendo detrás de su primo.

Solo tenían medio segundo de ventaja, y las piernas de Cooper eran mucho más largas.

—¡Jorge! —llamaba Camila—. ¿Qué vamos a hacer?¡Nos está alcanzando!

Jorge miró por encima de su hombro. Cooper estaba a solo unos pasos detrás de él. Jorge examinó el césped, buscando algo en que encaramarse, esconderse o atravesar en el camino de Cooper. Necesitaba guardar las cosas en algún sitio donde Cooper no los encontrara.

Y ahí fue que se le ocurrió a Jorge.

El plan perfecto.

Jorge sabía del lugar exacto. Era el sitio más escondido y secreto que jamás se había encontrado, y estaba seguro de que Cooper no iba a poder seguirlos. De hecho, probablemente Cooper no iba ni a intentar seguirlos.

Porque quizás el patio de tía Xía se veía como cualquier otro patio de Miami, pero de eso no tenía nada. Escondida en la esquina más lejana del jardín estaba una vieja vasija de barro llamada tinajón. En la antigüedad, esas vasijas sirvie ron para recoger agua de lluvia. Ahora decoraban jardines. Pero el tinajón de tía Xía no era solo para decorar.

Era mágico.

Y Jorge corría en esa dirección.

—Vamos, Cami —gruñó, mientras agarraba un coco caído del suelo y lo lanzaba por encima de su hombro.

El coco cayó en los pies de Cooper. Cooper tropezó, perdiendo la estabilidad y se dio bien duro al caer al suelo.

Esos treinta segundos eran todo lo que Jorge necesi taba. Agarró a su prima por la muñeca, metió el libro bajo su brazo para protegerlo y entró por la boca del tinajón. Por un segundo los primos entraron en una total oscuridad. Olían a tierra húmeda y a aire salado. Una fuerza invisible los empujó hacia delante y llegaron a través del tinajón a un mundo que pensaron que Cooper Tumbor jamás encontraría.

About The Author

Photograph Emma Otheguy
Emma Otheguy

Emma Otheguy is the author of several books for young readers, including the picture books A Sled for Gabo and Martina Has Too Many Tías, the bilingual picture book Martí’s Song for Freedom, and the middle grade novels Sofía Acosta Makes a SceneCousins in the Time of MagicSilver Meadows Summer, and, with Adam Gidwitz, The Madre de Aguas of Cuba, part of the Unicorn Rescue Society series. Visit her at EmmaOtheguy.com.

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About The Illustrator

Poly Bernatene

Poly Bernatene was born in 1972 in Buenos Aires, Argentina, and has been drawing ever since. He graduated from Buenos Aires’s art school, where he developed a great interest in managing different techniques in his work. He has worked in advertisement, animation, and comics. During the last fifteen years, he has established an exciting career as a professional illustrator, having published more than sixty children’s books in eleven countries.

Product Details

  • Publisher: Atheneum Books for Young Readers (July 21, 2026)
  • Length: 208 pages
  • ISBN13: 9781665965811
  • Ages: 8 - 12

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